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HUMIRATE, UN NUEVO HABITANTE DE LASPAÚLES
COLE DE LASPAÚLES / Martes, 25 de enero de 2005

VERSIÓN
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Hemos trabajado este texto, gracias a la aportación de nuestra compañera Carolina. Este cuento lo hizo en el Taller literario que estamos haciendo en Graus. Gracias por tu colaboración.

A partir de este texto, hemos trabajado la descripción y los alumnos han hecho el dibujo del cuento una vez leído. Esperamos que os guste.

HUMIRATE

El día que conocí a Humirate supe que ya nada volvería a ser como antes. Humirate, dijo, me llamo Humirate, que significa en el lenguaje de los cárpatos el que habita con las palabras.

Mientras Humirate hablaba yo miraba sus labios carnosos, eran enormes, y siempre se estaban moviendo, dejando ver de vez en cuando una inmensa cordillera de dientes, es su boca inmensa, y siempre llena de palabras.

Humirate siempre parecía feliz, por que siempre estaba acompañado. Decía que no recordaba la última vez que estuvo solo. Allí donde iba siempre le seguía una corte de orejas para escuchar sus palabras.

Nunca se estaba quieto, Humirate, recorría la habitación de esquina a esquina, constantemente, mientras hablaba de su última expedición a África, al mismo tiempo que explicaba cual es la mejor forma de cortar las patatas para hacer un guiso de canguro.

Cuando Humirate habla su largo gabán ondea al viento. Es bonito mirar como cruza las manos a la espalda por debajo del gabán, ese gesto, no se porque, siempre me ha recordado a Dartacan, si a Dartacan, porque yo pienso en Dartacan y no en “Dartañan”.

Podría pasarme horas escuchando a Humirate, cuando habla se detiene el tiempo. Una vez, en aquel café de Paris vi como se detenían en su caer los copos de nieve con el fin de escuchar mejor a Hunirate.

Humirate tiene mil voces. A veces habla como un niño, como un viejo, como un sabio, como un mendigo. Su voz es como una banda sonora de película, si te dejas te transporta a lo más profundo de la historia.

En los bolsillos Humirate lleva una cadena, al final de la misma hay prendido un cristal azul mar, o verde mar, Nunca nos ponemos de acuerdo. Cuando el grupo se hace pequeño y la voz de Humirate se torna cálida, saca la cadena y la pasea por sus dedos. Es entonces cuando más cerca puedes estar de su alma, es entonces cuando Humirate suspira y piensa en voz alta “si las palabras se escucharan más...”
Cuando habla de ella también pasea la cadena por sus dedos. No hay día que no nombre a ella, así la llama: ella. “a ella le gusta tomar el sol, Ella solía coger flores rojas, ella, ella siempre ella.

A los lados de la cama tiene dos pilas de libros Humirate, dice que también a el le gusta que le cuenten historias, asegura que debajo de los libros hay dos mesillas. Entre las dos pilas de libros existe un bucle del tiempo. Cuando Humirate se metía en la cama sus palabras caminaban hacia atrás, es entonces cuando Humirate te cuenta sus recuerdos. No recuerda hechos, Humirate recuerda palabras, la primera palabra que me oyó decir, las palabras que la panadera le dijo al darle el cambio, palabras...siempre palabras.

Humirate siempre quiere ir a vivir a un pueblo pequeño, un pueblo muy pequeño donde no pare el tren. Humirate cree que allí estará tranquilo y podrá dedicarse a escribir. Pero todos sabemos que no, porque lo que nunca ha hecho ni hará Humirate será escribir. ¿Para que? Si cuando Humirate mueve los labios y habla todos estamos allí para escucharlo.



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