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Lectura estética de cuentos y poesías
Carlos Manuel Sánchez García
/ Domingo, 8 de febrero de 2009

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Lectura “estética”: el adulto les lee a los niños para compartir, no para enseñarles nada y mucho menos para evaluarlos.
La lectura “estética” es la puerta de acceso al mundo de lo escrito, al ser la única capaz de promover la imaginación y la abstracción, y enriquecer el pensamiento.

Cuando un lector aborda cualquier material escrito, ya sean las instrucciones de un manual, un ensayo filosófico, una reseña periodística, un articulo científico, un texto de química o de física, una poesía o una carta de amor, un cuento o una novela, puede adoptar una de dos posturas radicalmente diferentes, que pueden ubicarse en los dos extremos de un continuum: la postura “estética” y la postura “eferente”.

Cuando un lector aborda el texto con una disposición de espíritu totalmente abierta, yendo al encuentro de lo que pudiera satisfacerle o interesarle, sin intención alguna de aprender nada en particular, y mucho menos obligado por la necesidad de recordar determinadas cosas para repetirlas más tarde, como es el caso de la lectura que se hace para rendir un examen, podemos decir, de acuerdo con Louise Rosenblatt, que adopta una postura “estética”. Por el contrario, cuando lee con el propósito definido de obtener una información, decimos que el lector adopta una postura “eferente”. Tanto el producto como las implicaciones de una u otra postura son totalmente diferentes.

En el caso de la postura “eferente”, el lector sólo aprovecha la lectura en su dimensión informativa, porque su propósito es obtener ciertos datos. En estas condiciones, tratará de dejar de lado todo lo que pueda entorpecer esa tarea. No habrá de interesarle otra cosa que no le sea de utilidad inmediata. Esta postura es muy válida cuando de lo que se trata es de saber dónde queda la calle Cabildo en un mapa de Buenos Aires, cuántos gramos de mantequilla lleva una torta, o el teléfono de la Srta. Irma González, residente de Chachopo en el estado Mérida. En tales casos, sería superfluo y hasta inconveniente, perder el tiempo interesándose en el origen del nombre de la calle Cabildo, proveniente tal vez de la época de la Colonia, o en las formas de industrialización de la mantequilla y de otros derivados lácteos o las razones históricas que llevaron a la familia González a radicarse en la región andina...

Por eso, como cuando se estudia para rendir un examen, con la postura “eferente” se trata de leer lo menos posible, procurando no irse por las ramas, descartando todo lo que no esté directamente relacionado con la información que se quiere extraer. Por eso se le dice “eferente”, término que etimológicamente significa llevar, sacar algo. Esto está bien, porque el propósito de esa lectura es extraer el mayor monto de información con el menor esfuerzo. Y es así, porque este tipo de lectura exige un esfuerzo, sobre todo cuando lo que se pretende aprender no nos despierta un interés intrínseco, no satisface una inquietud, una expectativa personal, sino que se hace por conveniencia o por obligación, por una motivación extrínseca. En estas circunstancias, lo que queremos es salir en el menos tiempo posible de la actividad lectora, cerrar el libro cuanto antes... ¿No es acaso eso lo que sienten los graduandos que festejan la culminación de su carrera botando los libros y apuntes que tanto los hicieron sufrir durante años, años de estudio que se les hicieron interminables?

Sin embargo no siempre es así. Cuando el tema de estudio coincide con nuestros intereses y expectativas personales, la motivación por la lectura ya no es exterior a nosotros, sino que viene de nosotros mismos, es intrínseca, y nos lleva a profundizar, indagar, reflexionar sobre un texto que se torna atractivo. De modo que a una postura “eferente”, que es propia de toda preparación para un examen, se superpone una postura “estética”, que añade factores afectivos, emocionales, que enriquece el conocimiento y por ende el aprendizaje. Indudablemente que esta lectura, que combina ambas posturas, es mucho más provechosa desde todo punto de vista que una lectura meramente eferente.

Una postura “estética” es la que adopta el lector cuando, movido por una motivación intrínseca, aborda el texto sin la obligación de extraer información. Esa libertad, esa autonomía lectora permite que sea él quien guíe el proceso, que sea protagonista del acto de leer. En el curso de esta lectura, el lector establece un juego de transacciones, en las que lector y autor intercambian conocimientos y vivencias. Jean Foucambert denomina “lectura reflexiva” a este tipo de lectura, porque al tiempo que el lector recibe determinada información, la procesa, la cuestiona y accede a la dimensión estructural de los temas, más allá de lo superficial. Por su parte, Jorge Larrosa habla de una lectura que es capaz de transformar al lector, en oposición a una lectura que cumple exclusivamente con la función de informar. Así, define el contraste entre una lectura informativa y una lectura formativa.

Lectura estética, lectura reflexiva y lectura formativa pueden asimilarse en un solo concepto: se trata de una lectura mediante la cual el lector se desarrolla, obteniendo los beneficios que sólo la lengua escrita puede aportar. Es esta lectura, estética, reflexiva o formativa, la que hará del niño un usuario competente de la lengua escrita, un lector y un escritor eficiente, un ciudadano crítico y comprometido con su tiempo. Esta lectura es la única que le abrirá al niño las puertas del mundo de lo escrito, porque a diferencia de la lectura eferente, informativa, esta lectura no produce cansancio, sino que por el contrario, incita a leer más, a no dejar el texto que nos tiene aprisionados. Es esta lectura, y sólo ella, la que establece entre el texto y el lector un vínculo cognitivo y afectivo, entre el lector y el autor un intercambio fecundo, pero sobre todo, establece un diálogo sincero y enriquecedor del lector consigo mismo, favoreciendo su desarrollo individual y social. Y finalmente, tal vez lo más importante: es sólo adoptando una postura estética que se desarrolla la creatividad, la imaginación y el pensamiento abstracto.

Cuando el adulto le lee al niño es como si éste leyera, con la ventaja de que al “escuchar” la lengua escrita se encuentra eximido del esfuerzo que debería hacer no siendo aún un lector avezado, y que obviamente comprometería su comprensión. Así, desde preescolar hasta sexto grado, el maestro tiene la tarea fundamental e ineludible de leerles cuentos y poesías a sus alumnos, para que éstos aprendan a leer en forma estética. Es que ¿cómo podría gustarle la lectura a alguien que sólo sabe leer en forma eferente? Para quien no está en capacidad de leer en forma estética, leer será siempre una actividad engorrosa, una actividad que cansa, que sólo se hace si se tiene necesidad de obtener una información, pero no para satisfacer una necesidad intelectual. Por eso no leen los que no leen, porque no saben abordar un texto desde una postura estética.

Pero ¿cómo podrá estar seguro el adulto que lee de que el niño, al leer” por su intermedio, adoptará una postura estética y no eferente? Simplemente, leyendo para compartir un texto que le ha gustado, un texto que el adulto ha leído y apreciado en forma estética, y jamás para enseñarle nada y mucho menos para evaluarlo. Es ésta una regla de oro cuyo cumplimiento está en la base del desarrollo lector de cualquier aprendiz.

En un entorno de lectura, los adultos (padres u otros familiares o allegados) les leen a los niños cosas que suponen - por lo general acertadamente - que son de interés para ellos, que nos los aburrirán y que por el contrario, despertarán nuevas inquietudes y propiciarán intercambios verbales sobre el texto. Los adultos lectores no les leen a los niños para que aprendan determinadas cosas ni para evaluar su comprensión. Cuando un adulto lector termina de leer un cuento, sólo le interesa saber si al niño le gustó o no, y nunca lo somete a interrogatorio alguno. Con esto, sin darse cuenta, el adulto lector facilita la adopción de una postura estética, porque el niño no siente la obligación de contestar en forma correcta a las indagatorias del adulto. Al sentirse libre, podrá apreciar lo que verdaderamente es de su interés, lo que satisface sus expectativas, profundizar en sus reflexiones, dejar volar su imaginación, dar rienda suelta a su creatividad y desarrollar por esta vía la dimensión abstracta del pensamiento.

Muy diferente es la situación cuando el maestro al leer un cuento en la escuela, lo hace para que el niño aprenda algo del texto o con el propósito de evaluar su comprensión. En este caso, las preguntas que hace el maestro probablemente sean... [ continúa en el archivo adjunto ]




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Comentarios
Lectura estética de cuentos y poesías, Maribel Estévez, 1 de febrero de 2011

Más alla de la teoría que suele invadir nuestras aulas, espero invadir a los niños con piratas, lobos, dragones, princesas, y un sin fin de oportunidades estéticas que permitan resolver los problemas cotidianos que nadie se atrevete a intentar resolver. No se trata de ser «cuenteros» sino, por el contrario, que a través del cuento el docente promueva el placer por leer.

Cuando el maestro logre eso, puede pensar que su trabajo esta hecho.

Lo demás vendrá a su momento

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Lecturas de cuentos, Jose Gonzalez, 26 de septiembre de 2009

Su artículo me parece muy acertado. Es de vital importancia iniciar a los niños, desde muy pequeños, en el maravilloso mundo de la lectura, especialmente para desarrollar la postura «estética». Ésta actitud les permitirá más adelante convertirse en estudiantes de profesión y no en aquellos que solo toman un libro por salir del paso.

La palabra escrita es la mejor forma en que la humanidad ha transmitido sus conocimientos, y el hecho de poder aprovecharla al máximo implica descubrir nuevas y maravillosas oportunidades.

Casualmente una amiga en España está iniciando un pequeño blog con recopilaciones de cuentos, fábulas y poesías. se llama cuentosypoesias.com Alli podrán encontrar un espacio para leer y comentar esas historias populares que nutren nuestra vida desde muy pequeños.

Nuevamente, excelente sitio y gracias por dejarme participar en el.

Saludos

J.D.

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> Lectura estética de cuentos y poesías, Anastacia de la Rua, 30 de abril de 2009

Excelente el texto,valioso aporte para investigaciones del área.Lamentablemente ya no quedan maestros que disfruten de la lectura y esto lo percibe el niño, peor aún si este niño proviene de un hogar deprimido social y economicamente por lo que no hay la oportunidad de manipular ningun texto. De estos niños hay muchos en nuestra américa, aún con la tan cacareada alfabetización, están alfabetizados, pero no saben leer.

Apartándonos del maestro que no lee, los hay que si leen y mucho, sin embargo hacen de la lectura del niño una tarea más, convirtiendo el cuento, por ejemplo, en un martirio, porque de éste, no deja de realizar ninguna actividad escolar que exista: recorta, pega ,describe, analiza, sintetiza, clasifica y para de contar.

Por todo lo anteriormente descrito, considero el aporte como muy fresco, actualizado e importante para que todos los educadores reflexionen sobre su práctica educativa.

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